y, en cierto modo, me divierte dialogar con algunos que parecen canes marcando territorio en un parque público. “soy el señor de la alameda (arf). no hagas pis en mis árboles (porque son míos) o tendré que miccionar yo de nuevo sobre ellos”. el pequeño detalle es que ciertos podencos consideran territorio propio todo aquel suelo que cae bajo sus pies. no sé cómo será el pequeño dolor que sienten cuando otro no acata sus normas dondequiera que se encuentre. debería importarme?

y, por los dioses, que nadie se presienta aludido 😛

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