yo iba convencida de que sería como la otra vez. largo pero indoloro con ese invento maravilloso que es la anestesia… me equivoqué. el médico que me atendió era diferente al anterior. le importó bien poco que yo gimiera y me quejase porque la anestesia no estaba haciendo efecto, sentí cómo cortaban (en esta ocasión, por desgracia, no sólo fue el ruidito simpático), cómo arrancaban y cómo cosían mientras las gotas de sudor caían por mi espalda. para hacer más agradable el momento, la bestia en cuestión discutía con mi tercer molar al grito de “dónde estás, hija de puta!!”…

se acabó, me puse hielo en la mejilla y me tomé mi calmante. esa noche me pasé varias horas con hemorragia nasal. ahora parece que todo vuelve a seguir el proceso normal.

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