hace tiempo que no disfruto de perfumes y colonias con la frecuencia que lo hacía, y es que los aromas más deliciosos se vuelven una pesadilla cuando aparecen las migrañas… y el temor siempre acecha. de todos modos, en ocasiones me arriesgo y me interno en la “trepidante aventura” de apretar el vaporizador.

unos días atrás lo hice. me dirigí al tocador, tomé uno de los frascos con aroma frutal que me suelen mirar desde allí y, tras sentir el frescor de la colonia en mi piel, me tumbé en la cama y apagué la luz con una tenue sonrisa en los labios y rodeada de magníficos efluvios.

uno de mis momentos favoritos para disfrutar de una fragancia.

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