el pasado lunes, tras la (ahora habitual) sesión de fisioterapia, me subí al tren con destino a mi pueblo. me dispuse a pasar unos días tranquilos en los que aprovecharía para avanzar en el máster, hacer bicicleta y pintar miniaturas en mi casa (lamarre’s house). unos días caserotes con lamarre para saborear la paz del hogar, verdad? pues no.

me he dedicado (salvo hoy) a madrugar (levantarse a las 8 en vacaciones es madrugar, se mire por donde se mire) acostarme tarde, hacer recaditos, mantener unos mínimos de vida social en el mundo real y gastar un poco de dinero haciendo preparativos. por suerte he podido pasar algo de tiempo peleándome con la tableta gráfica que me llegó en febrero.

y he perdido pelo de todos los lugares imaginables. es lo que tiene panificar un pseudo fin de semana en un balneario a estas alturas del año. tú estás toda feliz, con tu pelambrera, esa contribución a la supervivencia de la especie en según qué climas y, de pronto… un finde romanticón en el que además tienes que ponerte un bikini en público. hay que actuar.

entre ceras variadas, la maquinita de braun, la depilación eléctrica y, ya que estábamos, las tijeras en la peluquería, me he quitado de encima unos 150 gramos. ya estoy preparada.

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